La eliminación del umbral de 20 trabajadoras podría reducir uno de los desincentivos que actualmente enfrenta la contratación femenina en Chile. Sin embargo, la Sala Cuna Universal no resolverá por sí sola las diferencias de empleo y salarios entre hombres y mujeres, que responden también a factores como las responsabilidades de cuidado, las jornadas laborales y las distintas trayectorias profesionales.
Así lo plantea Jorge Rodríguez, economista y académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, quien estima que la reforma debiera tener un efecto positivo sobre la participación laboral y el empleo femenino, aunque probablemente moderado y concentrado en determinadas empresas y sectores.
Actualmente, la obligación de proveer sala cuna se activa para las empresas que cuentan con 20 o más trabajadoras. Según Rodríguez, este umbral puede generar un costo adicional asociado específicamente a la contratación de mujeres.
“La regulación actual genera un salto discreto en el costo de contratar mujeres: al incorporar a la trabajadora número veinte, la empresa queda obligada a financiar sala cuna para todas las trabajadoras que cumplan los requisitos. La evidencia muestra que algunas empresas responden evitando alcanzar ese umbral, mientras que otras traspasan parte importante del costo mediante menores salarios”, explica.
Un efecto positivo, pero no masivo
Eliminar esa barrera, sostiene el académico, debiera reducir paulatinamente el desincentivo y favorecer la contratación femenina, particularmente entre las empresas que actualmente se encuentran cerca del límite establecido por la legislación.
Sin embargo, Rodríguez pone cautela sobre la magnitud que podría alcanzar ese efecto.
“No esperaría un aumento masivo e inmediato del empleo, pero sí la eliminación de una distorsión que afecta especialmente a empresas cercanas al umbral y a sectores en los que resulta relativamente fácil sustituir trabajo femenino por trabajo masculino o capital”.
El cambio también podría tener consecuencias sobre las remuneraciones. Si parte del costo de la actual obligación termina reflejándose en menores salarios de entrada, desvincular el financiamiento de la contratación femenina podría reducir gradualmente esa penalización.
“Esto podría traducirse en mejores salarios y, por esa vía, incentivar la participación laboral femenina”, señala Rodríguez.
Las otras barreras que seguirán presentes
Para el economista, el alcance de la Sala Cuna Universal debe entenderse dentro de un problema laboral más amplio. Eliminar el costo asociado exclusivamente a la contratación de mujeres corrige una distorsión, pero no aborda todos los factores que explican las diferencias que persisten en el mercado laboral.
“Debiera contribuir a reducir las brechas de empleo y salarios, porque elimina un costo que actualmente está asociado directamente con la contratación femenina. Sin embargo, no cerrará por sí sola todas las brechas laborales”, sostiene.
Entre los factores que seguirán influyendo, Rodríguez identifica la distribución de las responsabilidades de cuidado, las jornadas laborales, la segregación ocupacional, las diferencias en las trayectorias laborales, la discriminación y factores culturales e institucionales.
Por ello, el académico plantea que el principal aporte de la reforma estaría en dejar de asociar directamente el costo de la sala cuna con la contratación de una mujer, eliminando una barrera que hoy puede incidir tanto en las posibilidades de contratación como en las remuneraciones.
A esto se suma otro desafío: que la ampliación del beneficio vaya acompañada de una oferta suficiente de salas cuna y jardines infantiles. Rodríguez plantea que resulta necesario identificar territorialmente dónde existen déficits de establecimientos, de manera que el acceso al cuidado infantil pueda transformarse efectivamente en una herramienta para facilitar la incorporación y permanencia de las mujeres en el mercado laboral.

