Michelle Bachelet volvió al centro del debate político luego de dejar abierta la posibilidad de competir nuevamente por la Presidencia en 2029. Consultada sobre una eventual tercera postulación a La Moneda, la exmandataria respondió “yo creo que sí”, aunque sin confirmar una decisión electoral.
La señal llega semanas después de que pusiera fin a su carrera por la Secretaría General de Naciones Unidas, tras obtener un voto favorable, 11 en contra y tres “sin opinión”. Meses antes, el Gobierno de José Antonio Kast había retirado el respaldo de Chile, al considerar inviable su eventual éxito dadas las condiciones del proceso.
Guillermo Bustamante, analista político y director del Doctorado en Comunicación de la Universidad de los Andes (Uandes), pone el foco en las consecuencias que este nuevo escenario puede tener para la oposición. “Que Michelle Bachelet haya bajado su candidatura a la Secretaría General de la ONU podría traer como consecuencia que asuma un liderazgo mucho más directo de la oposición, intentando no solamente congregar unidad dentro de los partidos del sector, sino también fijar una ruta política mucho más consistente y unificada”, sostiene.
Bustamante extiende ese análisis al debate legislativo. “Esto podría traer, inclusive, unidad dentro de proyectos políticos y proyectos de ley, lo que podría significar que el gobierno de José Antonio Kast tuviese un único interlocutor con el cual negociar y que estuviese al frente de un sector político relevante dentro del país”, agrega.
Cohesión política y proyección de largo plazo
Cristóbal Karle, analista político del Laboratorio de Ciencias Sociales Aplicadas de la Uandes, complementa esa mirada poniendo atención en la declaración de la exmandataria. Por su manejo comunicacional, señala, difícilmente habría entregado una respuesta de este tipo sin prever lo que podía generar, por lo que será necesario observar sus próximos movimientos.
El experto también pone la mirada en el ánimo de las fuerzas progresistas. “El regreso de Bachelet y su posicionamiento público ha generado un efecto de cohesión y de cierta ilusión”, afirma. Esa expectativa se vincula con la posibilidad de que logre aglutinar a distintas colectividades, sea competitiva en una eventual elección presidencial y ejerza un rol de liderazgo dentro del sector.
Finalmente, Karle lleva el análisis a un horizonte más amplio y plantea qué puede significar el regreso de Bachelet para la proyección de la centroizquierda y la izquierda durante los próximos 10 o 20 años. “¿En qué medida ella va a poder favorecer la emergencia de una generación diferente?”, se pregunta. A su juicio, esa discusión seguirá abierta con candidatura presidencial o sin ella, mientras la exmandataria mantenga protagonismo como vocera, líder simbólica o articuladora política.

