- Tras once años del histórico fin de “Sábado Gigante” en Univisión – programa que condujo por 53 años- Don Francisco vuelve oficialmente a la televisión estadounidense en el segundo semestre. En un formato que le es conocido, conversará con grandes figuras hispanas demostrando una vez más que sigue siendo el legendario animador que sigue apostando por el arte de la conversación.
- Además en esta edición número 150 de Revista Velvet, el artista chileno-peruano Christian Fuchs convierte su propia genealogía en una poderosa obra de arte. Y el senador Iván Moreira reconoce que su relación con el presidente José Antonio Kast ha atravesado por momentos de tensión y cercanía. Finalmente, Velvet reunió a destacadas figuras de la arquitectura, diseño, paisajismo, fotografía y decoración que han llevado el talento chileno a nuevas alturas.
Julio de 2026.- Mario Kreutzberger, Don Francisco, es sin duda una marca registrada internacionalmente. Durante más de seis décadas acompañó y reunió a millones de familias frente al televisor. Conocido por ser el entrevistador que ha conversado con las figuras más influyentes del mundo hispano y ha sido el impulsor de una de las obras solidarias más importantes de Latinoamérica. A sus 85 años y en conversación con revista Velvet en su edición 150 hace un repaso de su historia televisiva, de los desafíos que tiene junto a su equipo de trabajo para su nuevo programa y comparte sobre la capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos.
Con nostalgia recuerda cuando su padre lo envió a Nueva York a estudiar modelaje industrial, para seguir con el negocio familiar. Tenía solo 19 años y llegó solo con una maleta y en su léxico solo veinte palabras en inglés. No había celulares, videollamadas, ni internet y la comunicación era solo por cartas, que se demoraban semanas. Al joven Mario en esa época le gustaba el teatro y disfrutaba de los escenarios, sin imaginar que su vida la dedicaría a la televisión.
Dice que al escuchar la radio Grundig, descubrió que aquella radio tenía imágenes.“Este es el futuro”, asegura Don Francisco que fue la primera frase que se le vino a su mente. Lo recuerda con la precisión de quien conserva intacto un instante decisivo. Mientras la mayoría veía una innovación tecnológica, él alcanzó a intuir algo más profundo: estaba naciendo un nuevo lenguaje. Una forma distinta de contar historias y de llegar simultáneamente a millones de personas. Aun así, terminó sus estudios.
“No quería defraudar a mi padre. Me titulé, trabajé un tiempo en eso… pero ya sabía que quería buscar una oportunidad en la televisión”, comparte en su departamento de Miami, donde vive con su esposa Temmy Muchnick con ya cumplió sesenta décadas juntos.
En esta conversación reflexiona sobre el salto digital y asegura que “no fue sencillo”. “La primera vez que grabé contenido para redes me dijeron: “Eso es televisión. No sirve para redes… Hoy uno también tiene que involucrarse. Ya no basta con preguntar. Hay que contar quién eres, de dónde vienes, qué piensas”.
Don Francisco evita hablar del éxito. Pero su palabra más recurrente es “trabajo”. “Nunca pensé que iba a convertirme en un personaje. Siempre me sentí un trabajador de las comunicaciones… Yo he sido un obrero de esto. Uno aprendía haciendo”, asegura.
Y eso fue exactamente lo que hizo. Observó. Probó. Se equivocó. Volvió a empezar. Con el tiempo comprendió que la televisión no consistía en hablar frente a una cámara. Consistía en observar. Escuchar. Entender qué emocionaba, qué divertía y qué conmovía al público. Por eso, cuando habla de comunicación, rara vez comienza por la tecnología. Prefiere hablar de las personas. “Los medios cambian. Las personas no tanto”. Asegura que el verdadero protagonista no es el conductor, sino el público.
Décadas antes de las redes sociales, Don Francisco ya había entendido que la televisión no podía construirse desde arriba del escenario. “Nuestro programa se hacía al lado del público y a través del público. La gente nunca encontraba el mismo programa dos semanas seguidas”, comparte.
El gran giro de su carrera no ocurrió frente a las cámaras. Ocurrió en una oficina. Después de años en Canal 13 sintió que había llegado a un límite. “Sentí que me estaban restringiendo”, confiesa. No lo recuerda con resentimiento. Más bien como el momento en que comprendió que, si quería seguir creciendo, debía salir de su zona de confort. La oportunidad apareció de la mano de Joaquín Blaya, un ejecutivo chileno radicado en Estados Unidos. Mario recuerda con precisión aquella conversación. “Me dijo: “El Sábado Gigante de Chile no sirve…Hay que hacerlo aquí”. Esa frase cambió su vida. Aceptó el desafío de comenzar prácticamente desde cero en un mercado mucho más competitivo. Durante años vivió entre dos países. Pasaba once días en Miami y once en Santiago. Todos los miércoles viajaba a Chile para conducir el programa; apenas terminaba la transmisión del sábado, regresaba a Estados Unidos para grabar la versión internacional. Dormía más en los aviones que en su propia casa.
“Había meses en que pasaba seis o siete noches arriba de un avión”, dice. Y recuerda que incluso algunas veces, el vuelo de LAN Chile esperaba unos minutos para que alcanzara a llegar desde el canal. “Eran otros tiempos. LAN tenía tres aviones… hoy tiene cientos”.
Nunca habla de sacrificio. Habla de disciplina. Porque, al final, convertirse en Don Francisco nunca fue el objetivo. El verdadero desafío consistía en algo mucho más simple y mucho más difícil: llegar cada sábado con una idea nueva para volver a sorprender al público. Durante más de sesenta años lo consiguió. Y quizás esa sea la mejor definición de su carrera. No la de un personaje televisivo, sino la de un hombre que convirtió la curiosidad, el trabajo y la capacidad de escuchar en el oficio de toda una vida.
Cuando se aborda el tema del éxito en su carrera televisiva, Don Francisco confiesa “he sido bígamo… Llevo sesenta y tres años casado… y sesenta y tres años dedicado a las comunicaciones… En algún momento se produce un desequilibrio entre el trabajo y el hogar. No es que yo no estuviera. Estaba… poco”.
De todos los recuerdos que comparte, hay uno que todavía lo conmueve. No tiene que ver con la televisión. Ni con el rating. Ni con los premios. Tiene que ver con un dibujo. Preocupados por algunos aspectos de la crianza, Mario y Temmy llevaron a sus hijos a un psicólogo. El ejercicio era simple. “Dibujen a su familia”. Los niños comenzaron a pintar. Primero apareció la madre. Grande. En el centro de la hoja. Después los hermanos. Y, en una esquina, casi fuera del dibujo, una figura pequeña. Era él. Mario recuerda ése momento con absoluta claridad. “Fue un impacto muy grande”, confiesa recordando ese momento. “Me di cuenta de que tenía que cambiar”.
Ese cambio tuvo una forma concreta. Todos los martes, al mediodía, dejaba de trabajar. Sin excepciones, iba a buscar a sus hijos y la tarde era completamente de ellos. No había reuniones, ni grabaciones, ni llamados. “Ellos elegían. Ir al cine, comer un helado, salir a caminar, dar una vuelta en auto sin destino. Hasta hoy se acuerdan de los martes especiales. Uno viene al mundo para construir algo que continúe cuando uno ya no esté. También recuerdan los momentos en que no estuve”.
Las luces de Teletón. Mario Kreutzberger comparte que hay una escena que sigue intacta en su memoria. No ocurrió sobre el escenario, sino cuando las luces ya se habían apagado. La primera Teletón había terminado. Chile celebraba el éxito de una campaña inédita. Mientras abandonaba el antiguo Teatro Casino Las Vegas, Mario vio a una familia sacar desde la parte trasera de un automóvil un par de muletas nuevas. Nada más, no hubo discursos, no hubo cámaras, no hubo aplausos, solo unas muletas. “Ahí entendí que esto era mucho más grande que un programa de televisión”. Ese día comprendió que estaban dando origen a un movimiento.
Ante la consulta sobre el momento de dar un paso al costado en Teletón, Don Francisco asegura: “A un caballo ganador no se le cambia el jinete…Pero llega un momento en que hay que cambiarlo… Las personas pasan. Lo importante es que la obra permanezca”. Su mayor preocupación ya no es conducir una campaña. Es asegurar que la Teletón continúe existiendo cuando él ya no esté. Por eso impulsa con tanta fuerza la ley que busca institucionalizar la fecha de la campaña. No piensa en el próximo año, piensa en las próximas generaciones.
En esta entrevista con Velvet reflexiona acerca de que durante décadas dormir fue un lujo. Los programas, los viajes y los vuelos entre Santiago y Miami dejaron poco espacio para el descanso. Hoy sonríe al reconocer que las prioridades cambiaron. “Dormir es un privilegio… Si no hago ejercicio, me cuesta caminar”, dice.
Finalmente cuando se le pregunta cómo le gustaría que lo recordaran. Con sencillez sentencia: “Que fui una buena persona”.
Acerca de. Revista Velvet es un medio de comunicación chileno que salió a circulación en el año 2013 en la ciudad de Concepción y, que circula a nivel nacional desde el año 2019. Es una revista de actualidad, cultura, política y tendencias que se publica mensualmente por Velvet Comunicaciones en formato impreso y digital. Revista Velvet es una publicación dirigida a mujeres y hombres de entre 30 y 65 años.

