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jueves 13/08/2026
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Salud

En el Mes del Corazón: Cuidar los riñones también es proteger el corazón

En Chile, más de 27.000 personas viven dependiendo de una máquina de diálisis.  Sin embargo, lo que muchos desconocen es que, en gran parte de estos pacientes, el corazón también está en riesgo. Especialistas advierten que la enfermedad renal crónica y las enfermedades cardiovasculares forman un binomio que aún no recibe la atención que merece, y que abordarlos juntos representa una oportunidad concreta de mejorar la calidad de vida de miles de chilenos.

Agosto de 2026, Chile. — Dos órganos que parecen distantes en el cuerpo humano están unidos por una conversación silenciosa y muchas veces determinante. El riñón y el corazón se comunican a través de señales hormonales, presión arterial, volumen sanguíneo y equilibrio de electrolitos. Cuando uno enfrenta dificultades, el otro asume una carga mayor. Y cuando ambos requieren atención simultánea, la intervención oportuna puede marcar una diferencia significativa en el pronóstico del paciente.

Esta relación, conocida en la literatura médica como síndrome cardiorrenal, es hoy uno de los principales desafíos del sistema de salud chileno y, al mismo tiempo, una de sus mayores oportunidades de mejora. Según datos del Registro Chileno de Diálisis de la Sociedad Chilena de Nefrología, el país supera los 27.000 pacientes en tratamiento de diálisis, una cifra que ha crecido de forma sostenida durante las últimas décadas y que refleja el avance silencioso de la enfermedad renal crónica (ERC) en la población. Cerca del 50% de los fallecimientos en pacientes dializados tiene causa cardiovascular, según cifras consistentes con reportes internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organizaciones como la National Kidney Foundation de Estados Unidos.

«El riñón y el corazón comparten los mismos enemigos: la hipertensión arterial y la diabetes», explica el Doctor Iván Goic, nefrólogo con amplia trayectoria en enfermedad renal crónica. «Cuando un paciente llega a diálisis, en muchos casos ya lleva años con daño cardiovascular subclínico que no fue detectado a tiempo. El desafío es que los síntomas de ambas enfermedades se superponen y se potencian, y precisamente por eso es tan importante anticiparse y actuar antes de que cualquiera de los dos órganos se vea comprometido de forma severa», señala.

En Chile, la hipertensión arterial afecta a uno de cada tres adultos y la diabetes mellitus tipo 2 alcanza a cerca del 12% de la población, de acuerdo con las Encuestas Nacionales de Salud del Ministerio de Salud (MINSAL). Ambas condiciones son las principales causas de ERC en el país y, al mismo tiempo, aceleran el deterioro cardíaco. Un ciclo que, con intervención temprana y coordinada, puede interrumpirse antes de que el paciente requiera diálisis o atención cardiológica de urgencia.

El corazón que trabaja con mayor exigencia

Cuando los riñones reducen su capacidad de filtrar la sangre correctamente, el cuerpo acumula líquidos, toxinas y sustancias como el fósforo y la urea. Esta sobrecarga lleva al corazón a trabajar bajo una presión sostenida que puede derivar en hipertrofia ventricular izquierda, una condición en que el músculo cardíaco se engrosa como respuesta al esfuerzo excesivo y que eleva el riesgo de arritmias, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones graves.

Estudios publicados en revistas como Journal of the American College of Cardiology indican que los pacientes con ERC avanzada presentan entre 10 y 20 veces más riesgo de complicaciones cardiovasculares que la población general, incluso controlando otros factores de riesgo. Una cifra que destaca la importancia de tratar ambas condiciones de manera integrada.

«Lo que muchas personas no imaginan es que cuando un paciente llega a su sesión de diálisis, el trabajo no es solo filtrar su sangre. Es también monitorear su corazón», señala Sylvia Caro, directora de Enfermería de la red de clínicas de diálisis DaVita Chile. «Vemos cómo cambia la presión durante el tratamiento, detectamos irregularidades en el pulso, alertamos al médico cuando algo requiere atención. La enfermera de diálisis es, en muchos sentidos, la primera línea de detección cardiovascular de estos pacientes», agrega.

La situación presenta desafíos adicionales en regiones con acceso más limitado a cardiólogos y nefrólogos. Según el MINSAL, la distribución de especialistas en Chile sigue siendo desigual, con una concentración marcada en la Región Metropolitana, lo que hace aún más necesario fortalecer las capacidades del nivel primario de atención para detectar y gestionar el riesgo cardiorrenal en todo el territorio.

Una ventana de oportunidad

La relación entre el corazón y el riñón también puede ser una palanca positiva. Controlar la presión arterial, mantener niveles adecuados de glucosa en sangre, promover la actividad física y abandonar el tabaco son medidas que reducen simultáneamente el daño en ambos órganos. El potencial de estas intervenciones es mayor cuanto antes se implementen, antes de que la enfermedad renal avance hacia etapas más complejas.

«El diagnóstico precoz es clave. Un examen de creatinina y una medición de proteínas en orina pueden detectar daño renal años antes de que aparezcan síntomas. Si a eso le sumamos un electrocardiograma y una medición de presión bien hecha, podemos identificar a un paciente en riesgo cardiorrenal y actuar a tiempo», señala el Dr. Goic. «Para eso, el médico de atención primaria necesita estar entrenado para buscar estas señales. Avanzar en esa dirección es una de las inversiones más costo-efectivas que puede hacer el sistema de salud».

Desde la experiencia de quienes trabajan en las unidades de diálisis, el llamado es a fortalecer el vínculo entre la atención primaria y la atención especializada, y a educar con mayor fuerza a la población sobre los factores de riesgo renales y cardiovasculares. «Muchos pacientes llegan a su primera sesión de diálisis sin haber tenido acceso a información sobre su enfermedad renal ni sobre cómo cuidar su corazón. Eso nos habla de una oportunidad enorme para el sistema de mejorar su capacidad de detección y acompañamiento temprano», reflexiona la directora de Enfermería de la red de clínicas de diálisis DaVita Chile.

En Chile, mientras el número de pacientes dializados sigue creciendo y el sistema avanza en fortalecer su cobertura, la oportunidad de tratar el riñón y el corazón como lo que realmente son —un solo sistema— es una de las apuestas más importante que el país tiene pendiente.