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jueves 27/08/2026
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Vapeo escolar en alerta: Experta explica por qué estos dispositivos no son tan inofensivos como parecen

El Ministerio de Salud (Minsal) volvió a encender las alertas tras revelar que uno de cada tres adolescentes chilenos de entre 13 y 15 años ha probado alguna vez un cigarrillo electrónico. El dato forma parte de la Encuesta Mundial de Tabaco en Jóvenes, aplicada a estudiantes de las 16 regiones del país.

Más allá de la cifra, la preocupación está en entender por qué el vapeo ha ganado espacio y cuánto se conocen realmente sus efectos en la salud.

Claudia Rodríguez, jefa del Departamento de Salud Pública y Epidemiología de la Universidad de los Andes (Uandes), califica los resultados como “bastante alarmantes” y apunta a la falta de información sobre las consecuencias del vapeo.

Esa mirada no se limita a los adolescentes. “La baja percepción de riesgo que existe hoy ante los vapeadores por la población general se explica por diversas causas: porque lo asocian a solo ‘vapor’ con saborizantes, el olor es distinto y lo consideran poco dañino, es ‘cool’, tiene diseño atractivo tecnológico”, explica Rodríguez.

El entorno también cumple un papel importante. La experta en salubridad señala que los pares pueden incentivar la experimentación, mientras el marketing contribuye a reforzar el atractivo de estos productos. Frente a ello, considera necesario desarrollar estrategias preventivas dirigidas especialmente a la población adolescente.

¿Qué contienen realmente los vapeadores?

La apariencia de los cigarrillos electrónicos puede esconder sustancias que el consumidor desconoce. Al respecto, Rodríguez recuerda antecedentes del Instituto de Salud Pública (ISP) que detectaron no solo saborizantes y solventes en su composición, sino también nicotina, tolueno, cannabis e incluso alquitrán. “Muchos elementos no eran declarados en los dispositivos”, advierte.

En el ámbito escolar, la académica de la Uandes plantea un trabajo conjunto entre establecimientos educacionales, seremis y autoridades sanitarias. La información, señala, debe abordar desde la adicción a la nicotina hasta otros efectos para la salud, incluidos los riesgos asociados a cáncer oral y pulmonar.

Otro desafío es conocer los patrones de uso, caracterizar a la población más expuesta y fortalecer la vigilancia epidemiológica. La experta también pide una regulación más profunda sobre la industria responsable de su comercialización.

Es deber comunicar riesgo al público potencialmente consumidor y fiscalizar la venta y qué contenidos tienen los vapeadores que se están vendiendo en Chile”, concluye Rodríguez.