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martes 03/11/2026
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Salud

Más allá de un diagnóstico: el arte, los oficios y la comunidad abren nuevos caminos para la salud mental

Desde el equipo de salud mental del hospital de La Serena, nos invitan a una iniciativa que tiene por objetivo derribar estigmas y a comprender que la inclusión comienza cuando dejamos de mirar a las personas desde su diagnóstico y reconocemos todo lo que pueden aportar a la sociedad. Esto también en un contexto donde según una importante encuesta mundial (informe Ipsos 2025) realizada en 30 países con la participación de más de 23.000 personas, cuyos resultados indican que la salud mental de la población mundial es ahora el principal problema de salud, superando incluso al cáncer.

A veces, basta un espacio para encontrarse, una actividad compartida o la oportunidad de aprender algo nuevo para comenzar a construir una historia diferente. Una en la que el diagnóstico no define a una persona, en la que sus capacidades tienen más protagonismo que sus dificultades y en la que la posibilidad de compartir con otros se convierte en una puerta hacia una vida más activa y saludable.

Ese fue precisamente el espíritu de la exposición de artes y oficios de Salud Mental “Mentes y Manos Creativas”, realizada en el patio del CDT del Hospital de La Serena el espacio reunió a dispositivos de Salud Mental del establecimiento, agrupaciones comunitarias, personas usuarias, funcionarios y miembros de la comunidad, quienes pudieron conocer distintas experiencias, talleres e iniciativas desarrolladas con fines terapéuticos.

La jornada buscó generar un espacio de encuentro, participación y bienestar, acercando a la comunidad experiencias que contribuyen a la promoción y el cuidado de la salud mental. Al mismo tiempo, permitió relevar el aporte del trabajo colaborativo entre los equipos, las personas usuarias, sus familias y las organizaciones comunitarias. Más que una exposición, “Mentes y Manos Creativas” permitió poner en el centro aquello que muchas veces queda en segundo plano: las capacidades, intereses y motivaciones de las personas que participan de estos procesos.

Hablar de salud mental también significa cambiar la mirada. Dejar atrás la idea de que las personas deben ser comprendidas únicamente desde una enfermedad o un diagnóstico y comenzar a reconocerlas como personas con intereses, talentos, motivaciones, proyectos y mucho que aportar a su entorno.

Así lo explica Karina Cisternas Solas, psiquiatra de adultos en el CESAM Centro, quien destacó la importancia de reconocer las potencialidades de los usuarios como una forma concreta de combatir el estigma. “Reconocer las capacidades y potencialidades de las personas, nos permite derribar prejuicios, promover la inclusión y favorecer su participación en la comunidad”, señala.

Desde esta perspectiva, el acompañamiento en salud mental no se limita a la atención clínica. También implica generar oportunidades para que las personas se desarrollen fuera de los espacios asistenciales, participen de la vida comunitaria y construyan relaciones que fortalezcan su autonomía. Para ello, el trabajo psicosocial y las redes comunitarias cumplen un papel fundamental.

Una nueva forma de entender la salud mental

Despatologizar no significa desconocer las necesidades de atención ni restar importancia a los tratamientos. Significa comprender que una persona no se agota en su diagnóstico, que su identidad es mucho más amplia y que sus posibilidades de desarrollo no deben quedar limitadas por los prejuicios que todavía persisten en la sociedad.

En ese camino, las organizaciones comunitarias adquieren especial relevancia. Leticia Durán, coordinadora del CESAM Las Compañías Dr. José Daniel Pantoja, destacó que estos espacios permiten avanzar hacia una participación en la que las personas y sus familias sean protagonistas de sus propios procesos. “Esto permite que no solamente participen los usuarios, sino que también parte de la comunidad y familia. De esta manera, ampliamos la mirada más allá del diagnóstico, fortaleciendo los vínculos con las familias y el entorno”, explica.

La exposición “Mentes y Manos Creativas” permitió precisamente acercar esas experiencias a la comunidad, mostrando que los procesos de salud mental también pueden desarrollarse en espacios cotidianos de participación, aprendizaje y encuentro.

La autonomía también se construye cuando las agrupaciones pueden organizarse, definir sus intereses y desarrollar iniciativas propias, con el acompañamiento de los equipos profesionales y las instituciones. Así, quienes participan dejan de ser vistos únicamente como receptores de atención y pasan a ocupar un lugar activo en sus comunidades.

Crear, aprender y moverse: otras formas de volver a encontrarse

Las artes plásticas, las creaciones manuales, los talleres de actividad física y los cursos de formación son mucho más que actividades recreativas. Son espacios donde las personas pueden descubrir habilidades, desarrollar nuevos intereses, compartir experiencias y, sobre todo, encontrarse con otros desde aquello que son capaces de hacer.

Para Rocío Paiva, funcionaria HLS de la Unidad de Gestión Documental, una de las cosas más valiosas de estas iniciativas es precisamente la posibilidad de construir comunidad en una sociedad donde, muchas veces, las relaciones se vuelven cada vez más distantes. “Creo que lo más importante que hacen es acompañarse, apoyarse en comunidad. En una sociedad en la que quizás cada vez uno está más aislado en su teléfono, el encontrarse, hacer algo en comunidad”, comenta.

Esa posibilidad de compartir cobra especial significado cuando se trata de recuperar la confianza para participar en espacios sociales. Elvira Pérez Cortés, preparadora física del Instituto Nacional de Deportes (IND), vinculada al taller de actividad física del CESAM, ha acompañado durante tres años el proceso de un grupo en el que ha observado cambios importantes.

Al recordar los primeros encuentros, cuenta que los participantes eran más callados y que, con el tiempo, han ido ganando seguridad para salir, presentarse ante otros y participar en distintas actividades. En los talleres se trabaja la coordinación, el equilibrio y el autocontrol, pero también se fortalecen la empatía, la confianza y la preocupación por los compañeros. “No buscamos la perfección, buscamos que la gente se mueva y se motive, nada más y que lo pasen bien”, señala.

Los vínculos que se construyen en lo cotidiano

Entre quienes participan de estas instancias está Susana Figueroa Gómez, quien lleva cerca de un año en el taller de acondicionamiento físico y también participa en el GAM Suyai y en cursos de formación comunitaria. Su experiencia está marcada por algo sencillo y, al mismo tiempo, profundamente significativo: conocer personas, hacer amigos y aprender. “Yo llevo casi un año en el taller de acondicionamiento y la he pasado súper bien. También participo en el GAM Suyai y en cursos de formación, donde he podido compartir con otras personas y hacer muchos amigos”, cuenta.

Su historia pone rostro a aquello que muchas veces queda fuera de las conversaciones sobre salud mental: la importancia de tener un lugar al cual asistir, personas con quienes conversar, actividades que despierten interés y oportunidades para asumir nuevos desafíos.

El cierre del Mes de la Salud Mental deja así una invitación que trasciende una fecha conmemorativa: continuar construyendo espacios donde las personas puedan desarrollarse de acuerdo con sus propios intereses y motivaciones, sin que los prejuicios se conviertan en una barrera para su participación.