El kéfir se ha convertido en uno de los alimentos fermentados que más popularidad ha ganado en los últimos años, especialmente por su aporte de probióticos y beneficios para la salud intestinal. Su composición y diversidad de microorganismos lo diferencian del yogurt tradicional y lo han transformado en una alternativa cada vez más presente en las góndolas de supermercados.
Carolina Pye, de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de los Andes (Uandes), explica una de sus principales ventajas está precisamente en la cantidad y diversidad de sus cepas probióticas. “El kéfir suele contener una mayor cantidad de cepas que el yogurt tradicional, lo que le otorga un efecto probiótico más potente”, señala.
A esto se suma una diferencia en la composición de ambos productos. Mientras algunos yogures comerciales incorporan distintos ingredientes para prolongar su vida útil, modificar su textura o añadir sabor, el kéfir en su versión más natural requiere básicamente leche y las cepas responsables de la fermentación. Por ello, la especialista recomienda revisar siempre el etiquetado de los productos disponibles en supermercados.
Los principales beneficios del kéfir están relacionados con la salud intestinal y la microbiota, contribuyendo a una mejor función digestiva y generando efectos favorables sobre el sistema inmune. “Existe evidencia que lo vincula con la regulación de la glicemia y el manejo de la resistencia a la insulina, aunque no existe evidencia contundente para atribuirle un efecto directo sobre la pérdida de peso”, aclara la académica.
Kéfir casero o comercial: en qué fijarse
Para un adulto sano, el kéfir puede incorporarse dentro de las dos a tres porciones de lácteos recomendadas diariamente. “Esas porciones pueden ser perfectamente cubiertas con kéfir”, explica Pye.
Tanto el kéfir casero como el comercial pueden ser buenas alternativas, el detalle está principalmente en su composición, “el kéfir casero suele ser preferible porque contiene solo los ingredientes necesarios: leche y cepas probióticas”, señala la nutricionista. En los productos de supermercado, recomienda preferir aquellos con una lista de ingredientes sencilla y evitar opciones que incorporen innecesariamente almidones, endulzantes, saborizantes o conservantes.

