La Fundación Filarmónica de Coquimbo continúa fortaleciendo la formación integral de niñas, niños y adolescentes mediante sus Conciertos Educacionales para Escolares y Preescolares, gracias al financiamiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través de su Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras.
Conocer la música clásica de forma cercana, lúdica y profundamente significativa es la oportunidad que están viviendo niños, niñas y adolescente de la comuna de Coquimbo, gracias a los Conciertos Educacionales para Escolares y Preescolares que lleva a cabo la Fundación Filarmónica de Coquimbo, gracias al financiamiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través de su Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras.
En números, durante el 2024, la Fundación visitó diez instituciones educativas, incluyendo colegios y residencias de menores, alcanzando a cerca de 1.600 personas, generando una importante ventana de acceso a experiencias culturales enriquecedoras en espacios donde, muchas veces, la música en vivo no está presente.
Un viaje musical que educa y emociona
En palabras de Daniel Muñoz, Director de Programación de la Fundación, «ha sido tremendamente significativo poder entrar en estas instituciones porque vemos de primera mano lo necesario que es la cultura, sobre todo en estos lugares, y también el compartir desde lo que nosotros sabemos: dar un rayito de luz de esperanza para estas niñas y niños». La propuesta de los conciertos educacionales no solo contempla la interpretación de obras clásicas, sino también una dimensión pedagógica: se enseñan los orígenes de la música, se presentan los instrumentos y se interactúa con el público infantil para estimular su comprensión y sensibilidad.
Escuelas que abren sus puertas a la cultura
Una de las instituciones que ha participado activamente es el Colegio San Lorenzo, de Coquimbo. Su director académico, Cristian Naranjo Orellana, destaca que «ha sido un espacio grato y de apreciación musical, donde los estudiantes han tenido la oportunidad de disfrutar». En 2024, 70 alumnos del colegio fueron beneficiados; este año, 50 más se sumaron a la experiencia.
La valoración no es solo desde el equipo directivo. «Los apoderados lo han recibido muy bien, como una forma de motivar y premiar a los buenos estudiantes», comenta Naranjo. Para él, esta instancia «crea un espacio donde los estudiantes aprecian el valor de la música y se sienten tranquilos, ya que los relaja y aleja de sus responsabilidades y problemas». En este sentido, el impacto de los conciertos trasciende lo estético: se convierte en una experiencia emocionalmente positiva y formativa.
En residencias: una experiencia multisensorial
Uno de los aspectos más conmovedores del programa ha sido su llegada a residencias de niñas, niños y adolescentes bajo protección estatal. Tal es el caso del Centro Ayelén, en Coquimbo, donde 23 menores han participado de estos conciertos. «Lo recibieron felices, de manera grata, lo disfrutaron. Fue algo novedoso para ellos», relata Sofía González Fajardo, Terapeuta ocupacional de la institución.
Desde el equipo profesional valoraron profundamente la actividad: «quedamos muy agradecidos por esta instancia, enriquecedora multisensorialmente. Reguló emocionalmente a nuestros usuarios». Para González, el beneficio fue evidente: «regulación emocional, gran experiencia sensorial y aprendizaje respecto a los instrumentos y la historia de la música».
El arte como espacio de encuentro y pertenencia
Daniel Muñoz enfatiza que, si bien tocar en grandes escenarios puede ser un sueño para muchos músicos, «uno se da cuenta de lo importante que es llevar la música a lugares más cercanos, que están muy cerca de la casa de uno, que son vecinos». Esa cercanía, ese impacto en lo cotidiano, ha sido uno de los aprendizajes más profundos para los integrantes de la Fundación.
La preparación que implica cada uno de estos conciertos es intensa: «nos estuvimos preparando mucho para preparar bien los repertorios, y también abordar muy bien lo que es la temática del fondo de cada uno de los conciertos, que es finalmente enseñar y educar a nuestra comunidad».
Cultura que se expande
El desafío para 2025 es alcanzar cifras similares de cobertura: cerca de 1.600 espectadores distribuidos en al menos 10 instituciones. La experiencia recogida en este ciclo ha demostrado que el arte musical, cuando se ofrece con respeto, pedagogía y calidez, es capaz de transformar entornos educativos, generar alegría, inspirar vocaciones y promover el bienestar emocional.
«Quisiéramos que esta acción nunca se pierda», dice Cristian Naranjo. «Es una oportunidad maravillosa para conocer el arte musical y motivar a los buenos estudiantes de tener un espacio lindo y relajado».
La Fundación Filarmónica de Coquimbo forma parte del Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Gobierno de Chile.

