Por María Teresa Moreno, jefa de operación social del Hogar de Cristo en La Serena
Pura admiración me despertaba como trabajadora social el programa Vivienda Primero, una extraordinaria política social que ya lleva más de 5 años en Chile, sacando de la calle a quienes, por razones siempre dolorosas y traumáticas, han terminado viviendo en ella. Son varias regiones del país donde hoy opera este dispositivo liderado por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, apoyado por el Ministerio de Vivienda y manejado desde sus inicios por el Hogar de Cristo, entre otras fundaciones.
No contar con él en la región de Coquimbo, viendo sus positivos resultados en aquellos lugares donde está presente, era lo que yo lamentaba. Pero como profesional y como persona puedo proclamar con satisfacción que se acabó esa etapa. Desde ahora, veinte hombres y mujeres en situación de calle con más de 50 años de edad y más de 5 años viviendo sin ningún techo protector en la conurbación de La Serena y Coquimbo, ¡accederán a Vivienda Primero!
Housing First es el nombre original de esta política que se originó en Nueva York y hoy se ha extendido por varios países de Europa, así como en Canadá y en Chile, donde somos pioneros. Fue un psicólogo estadounidense de origen griego, Sam Tsemberis, quien, a comienzos de los años 90, se dio cuenta de que los dispositivos paliativos –repartir comida caliente en invierno, agua embotellada en verano, abrir albergues– para abordar el creciente tema de los homeless, no resolvían el problema de fondo. No les devolvían a las personas sus vidas y su dignidad perdidas.
Si un adulto que vive en un espacio seguro, trabaja, tiene familia, muchas veces se desestabiliza y cae en consumo problemático o pierde la cordura, por qué pensamos que un hombre o una mujer durmiendo a la intemperie, sin comida, dinero y redes, va a lograr salir adelante por sí mismo. Cómo se nos ocurre que alguien que no tiene dónde guardar sus documentos y sus remedios, protegerse de la violencia o hacer sus necesidades, va a dar muestras de buena conducta y conseguir pega para pagar un arriendo. En qué remoto planeta vivimos para suponer que una mujer abusada, que elude el abuso al amparo de un nuevo abusador, va a “sanarse” porque le llevamos jabón y toallas higiénicas.
Es cierto, esos apoyos puntuales sirven. Cuando el clima es extremo, llevar comida caliente y abrigo puede salvar vidas. Pero nada de eso permite cambiarlas.
Entregar primero una vivienda digna es el camino más eficiente y humano para dejar la situación de calle. No existe otro. Ahora que la ONU invita a celebrar el Día de la Justicia Social –lo hace cada 20 de febrero desde el año 2007–, el que la Región de Coquimbo cuente con el programa Vivienda Primero nos acerca al ideal de erradicación de la pobreza y equidad que postula Naciones Unidas. Y para mí es una satisfacción tremenda.
