El retroceso glaciar, las temperaturas más altas y el aumento de desprendimientos aparecen como los riesgos que más inquietan a quienes trabajan diariamente en entornos cordilleranos, según un estudio de la Universidad Andrés Bello.
Subir una montaña en Chile ya no depende únicamente de la preparación física o de las condiciones del día. Para quienes trabajan guiando excursiones, el cambio climático se ha convertido en un factor que está transformando la forma de recorrer la cordillera, obligando a replantear decisiones que hace algunos años parecían rutinarias.
Esa es una de las principales conclusiones del estudio «Vulnerabilidad del turismo de montaña frente al cambio climático en Chile: percepciones de guías en los Andes centrales y del sur», desarrollado por Cecilia Cancino Araya, académica de la Universidad Andrés Bello; y Pablo Rebolledo Duijsin, investigador del Centro de Investigación para la Sustentabilidad de la Universidad Andrés Bello y Nekane Zubieta Valencia, investigadora y Alumni UNAB.
La investigación analizó la percepción de 44 guías profesionales de trekking y montañismo inscritos en el Registro Nacional de Prestadores de Servicios Turísticos, quienes desarrollan su labor en las regiones Metropolitana y de La Araucanía. A través de entrevistas y encuestas, el equipo buscó conocer cómo perciben los efectos del cambio climático sobre su trabajo y la actividad turística.
Uno de los resultados más contundentes fue el amplio consenso respecto a la vulnerabilidad que enfrenta esta actividad. Prácticamente la totalidad de los participantes manifestó sentirse expuesta a los impactos físicos del cambio climático, reflejando una percepción compartida del riesgo entre quienes recorren la montaña de forma permanente.
Entre los fenómenos que generan mayor preocupación destacan el retroceso de los glaciares, el aumento de las temperaturas y los desprendimientos de material. En los tres casos, cerca del 75% de los guías calificó su nivel de vulnerabilidad como «muy alto», mientras que casi todos los demás lo evaluaron como «alto», evidenciando un consenso prácticamente transversal.
El estudio también identificó otros impactos que los guías consideran cada vez más frecuentes, como la disminución de nieve, cambios en los patrones de precipitaciones, la reducción de las reservas de agua y una mayor inestabilidad del terreno, condiciones que afectan la seguridad de las excursiones, la disponibilidad de rutas y la planificación de las temporadas turísticas.
Para Pablo Rebolledo, director de Administración en Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello sede Viña del Mar y coautor del estudio, estos resultados muestran que quienes trabajan diariamente en la montaña están detectando transformaciones que ya repercuten en el desarrollo de la actividad.
«Los guías son quienes mantienen un contacto permanente con la montaña y, por lo mismo, poseen un conocimiento territorial muy valioso sobre los cambios que están ocurriendo. Lo que muestra esta investigación es que existe una percepción ampliamente compartida respecto a que el cambio climático ya está modificando las condiciones en que se desarrolla el turismo de montaña.», afirma el docente.
Los investigadores advierten que la vulnerabilidad identificada va mucho más allá de los impactos ambientales. Las respuestas recopiladas muestran efectos sobre la planificación de rutas, la gestión de la seguridad, la estabilidad económica de quienes viven del turismo de montaña e incluso la confianza de los visitantes frente a destinos percibidos como más riesgosos.
Otro hallazgo relevante es que, pese al elevado nivel de conciencia ambiental observado entre los participantes, esa percepción no siempre se traduce en medidas concretas de adaptación. El estudio atribuye esta brecha principalmente a limitaciones económicas, institucionales y de políticas públicas, más que a una falta de conocimiento por parte de los propios guías.
La investigación también destaca un rol poco explorado hasta ahora: el de los guías como agentes de educación ambiental. A partir de su experiencia cotidiana, estos profesionales no solo conducen excursiones, sino que también transmiten conocimientos, promueven prácticas responsables y ayudan a que turistas y comunidades comprendan mejor los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas de montaña.
«Las políticas de adaptación al cambio climático suelen construirse desde una mirada técnica, pero este estudio demuestra que también es fundamental incorporar el conocimiento que generan quienes trabajan diariamente en estos territorios. Los guías no solo identifican los riesgos, sino que también pueden transformarse en actores clave para fortalecer la resiliencia del turismo de montaña.», agregó Rebolledo.
Finalmente, los autores plantean que estos resultados constituyen un insumo relevante para el diseño de políticas públicas de adaptación climática y proponen ampliar este tipo de investigaciones hacia otras zonas cordilleranas de Chile y América Latina, con el fin de comprender cómo el cambio climático está transformando una de las actividades turísticas más representativas del país.

