Liza Salinas – Branch Business Director Liberty Finance – Life Academy official marketing partner
El reciente retorno del petróleo sobre los US$100 por barril vuelve a poner sobre la mesa una discusión que Chile no puede seguir postergando. En una economía que importa cerca del 98% del crudo que consume, los shocks externos no son una excepción: son parte estructural de nuestra realidad .
El alza del petróleo no solo impacta el precio de los combustibles. Atraviesa toda la cadena productiva: transporte, alimentos, logística y servicios. Y cuando se combina con un dólar fortalecido, el efecto inflacionario se amplifica, afectando con mayor intensidad a los hogares más vulnerables .
En este contexto, el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) cumple una función relevante. Su objetivo es claro: amortiguar la transmisión inmediata de estas alzas a la economía local. En el corto plazo, es una herramienta que aporta estabilidad y previsibilidad, especialmente en escenarios de alta volatilidad internacional.
Sin embargo, el MEPCO tiene límites evidentes. Funciona bien cuando los shocks son transitorios, pero pierde eficacia cuando los precios se mantienen elevados por periodos prolongados. En esos casos, el mecanismo no elimina el ajuste, solo lo difiere, generando además un costo fiscal acumulado que tarde o temprano debe asumirse.
Ahí radica el fondo del debate. En una economía pequeña y abierta como la chilena, expuesta tanto al precio internacional del petróleo como al tipo de cambio, un instrumento de estabilización como el MEPCO no solo es útil, sino necesario. Pero como política permanente, requiere una revisión profunda.
Fortalecer el MEPCO implica dotarlo de mayor solidez institucional. Esto supone avanzar hacia reglas de activación más estrictas, mayor transparencia sobre su costo fiscal y, sobre todo, la creación de un fondo soberano anticíclico que permita respaldar su operación en escenarios extremos. Un instrumento de este tipo, similar en lógica al FEES pero enfocado en energía, permitiría absorber de mejor forma los ciclos prolongados de precios altos.
Sin ese respaldo, el riesgo es evidente: que el MEPCO termine tensionado entre su rol técnico y su uso político, perdiendo credibilidad justamente cuando más se necesita.
Chile no puede evitar los shocks externos, pero sí puede prepararse mejor para enfrentarlos. El desafío no es eliminar el MEPCO, sino evolucionarlo. Porque en tiempos de incertidumbre global, la estabilidad económica no se improvisa: se diseña.

